Correr está de moda, y como todas las modas nos acabará arrastrando a todos, de una o de otra manera.

Sales a dar un paseo por la tarde y te encuentras a decenas de personas con sus shorts, sus camisetas y sus zapatillas de colores discretos, son víctimas de la moda, la moda del salir a correr, o como dicen los modernos del running, pero es que sales al punto de la mañana camino de tu trabajo y te los vuelves a encontrar ahí, quemando suela, como si no hubiera un mañana, corriendo como si temiesen por sus vidas...

Y claro, tú los ves y sientes que te pierdes algo, que han descubierto algo que nadie te ha contado, y que te lo estás perdiendo... y es cierto, te estás perdiendo ese subidón de endorfinas que produce el llegar extenuado al final que te has marcado, llegar agotado físicamente pero curiosamente fresco a nivel mental, es lo más parecido a resetear el ordenador, vaciar la caché y volver a navegar, cuando lo has hecho todo parece mejor, todo parece fluir.

Si no has sentido esta sensación, nunca entenderás a los que salen a correr siendo la hora que sea, no lo entenderás porque sólo recordarás cuando tenías que correr por obligación en el colegio, no sabrás el placer que se oculta tras este aparente sufrimiento.

Aunque hay algo peor que perderse este placer... haberlo probado y sufrir una lesión que te impide realizar este ejercicio con comodidad, y si esta lesión es algo invisible pero real como pueda ser una fascitis plantar como la que me ha hecho sufir durante dos años y medio, que parece estar ya controlada y superada, entonces se lleva realmente mal, porque parece que estás bien, aunque realmente no puedes ni echar el pie al suelo...

Entonces dejas de correr, dejas de hacer deporte, dejas de producir endorfinas dejas de atiborrar a tu cerebro con la serotonina y tu cuerpo empieza a cargarse de kilos que no debería tener, y cuando ya parecía que ibas a poder volver a practicar tu deporte de una manera más intensiva te das cuenta de que empiezas a sufir dolores de nuevo... y claro esto parece el cuento de nunca acabar.

En fin, que en estas cosas entras en un ciclo sin fin, y sólo con decisión y fuerza de voluntad puedes salir de este círculo vicioso.

Y en esas estamos desde hace ya tiempo, enganchados a otro tipo de sensaciones, las que produce el ciclo indoor, también conocido como spinning, que me ha permitido volver a hacer deporte intenso sin tener casi dolor, pero echando de menos calzarme las zapatillas y correr aunque sea en la cinta del gimnasio.

Veremos si el plan de entrenamiento que he comenzado hoy da sus frutos y podemos poco a poco compaginar los dos deportes, bajar de peso, y disfrutar de las sensaciones que producen todas estas sustancias en nuestro cerebro.