Palabras con trampa

Hay debates que se ganan antes de empezar, solo por elegir bien una palabra. Esta lectura del mes me ha dejado con una sospecha: el lenguaje no solo acompaña la discusión, también la recorta… y a veces ni lo notamos.

Palabras con trampa
Photo by Glen Carrie / Unsplash

Este mes se ha colado en la lista de lecturas Parásitos mentales, de Axel Kaiser. Un ensayo con el tono alto, de los que no se disfrazan de neutrales: viene con una tesis clara, un vocabulario muy suyo y una lista de ideas a las que quiere ponerle una etiqueta de “peligrosas”.

Parásitos mentales: Siete ideas progresistas que infectan nuestro pensamiento y sociedad (Deusto) : Kaiser, Axel: Amazon.es: Libros
Parásitos mentales: Siete ideas progresistas que infectan nuestro pensamiento y sociedad (Deusto) : Kaiser, Axel: Amazon.es: Libros

Lo interesante no es tanto estar de acuerdo o no (eso se verá), sino el tipo de conversación que propone: una conversación sobre palabras. Sobre términos que se usan como si fueran obvios… y que, en cuanto intentas definirlos, se te quedan entre los dedos.

Si quieres que estos textos te lleguen sin ruido, está la lista de correo: Un post a la semana, o cuando sale.
Es gratis, para consumo lento y fuera del alcance de gurús y del algoritmo.

Parece interesante

Hay palabras que, en cuanto las sueltas, dejan la discusión medio decidida. No porque sean verdad, sino porque suenan a verdad. Y si preguntas «vale, ¿qué significa exactamente eso?», a veces parece que estás molestando… como si pedir precisión fuera una falta de educación.

Kaiser juega en ese terreno. Parte de una idea simple: hay conceptos que se repiten tanto, y con tanta carga moral, que acaban funcionando como atajos. Te ahorran el esfuerzo de explicar, pero también te quitan espacio para pensar. El propio título ya marca el tono, y el libro no lo disimula: aquí no se viene a pedir permiso.

La entrada al tema la hace enlazándolo con Inception: la idea como el parásito más resistente, algo que, una vez “plantado”, cuesta sacar. La imagen funciona porque se entiende sin teoría y porque apunta a lo que el libro quiere discutir: no tanto políticas concretas, sino el vocabulario con el que se discuten. Qué pasa cuando una palabra ya trae premio moral incorporado y, por eso mismo, se usa como cierre, no como inicio.

Para sostenerlo, el libro se organiza alrededor de siete conceptos que, según el autor, se han normalizado hasta volverse intocables: justicia social, derechos sociales, neoliberalismo, Estado benefactor, responsabilidad social empresarial, diversidad, equidad e inclusión y el buen indígena.

Justicia social aparece como el ejemplo perfecto. Suena tan bien que cuesta tocarla sin que alguien frunza el ceño. Kaiser la trata como una etiqueta impecable por fuera y elástica por dentro: cabe casi cualquier cosa y, una vez la pronuncias, la intervención se vuelve el desenlace natural. Su crítica se resume en algo práctico: si se da por hecho que cualquier desigualdad es injusticia por defecto, la respuesta tiende a ser “más poder” para corregirla. Y el poder, cuando crece, tiende a crecer de verdad.

De ahí pasa a los derechos sociales, que es el mismo debate con otra puerta de entrada. Llamar “derecho” a una prestación no es solo una declaración bonita: implica obligaciones, financiación y, en algún punto, coacción. Kaiser lo usa para insistir en un desplazamiento del significado de libertad: de “que no me obliguen” a “que me garanticen resultados”.

En neoliberalismo la discusión se vuelve casi semántica. Kaiser lo presenta como una palabra comodín: útil para cargarle al mercado cualquier problema sin precisar demasiado qué se critica. Aquí el libro se pone rotundo y se nota el método: disputar el término, no negociar con él.

Con el Estado benefactor baja a algo más reconocible. El argumento gira alrededor de la dependencia: cuando el Estado se convierte en el solucionador oficial de todo, cambia lo que se pide, lo que se espera y lo que se deja de hacer por cuenta propia. Kaiser lo ata a costes fiscales crecientes y al retroceso de redes no estatales. Se puede discutir el grado, pero la línea es clara dentro de su planteamiento.

La responsabilidad social empresarial entra con el mismo filo. Apoyándose en Friedman, el libro defiende que una empresa no debería jugar a actor político con el dinero de otros. Y ahí mete el paquete contemporáneo: ESG, rankings, comisiones y retórica corporativa. Esta parte señala una tentación muy actual: hablar mucho de virtud y decir poco que se pueda comprobar.

En diversidad, equidad e inclusión es donde más fácil resulta que el libro se pase de frenada. Kaiser mezcla crítica concreta con trazo grueso: burocracia, cuotas, identidad, mérito, cultura… y concluye que se sustituye el mérito por categorías y se fragmenta la sociedad por identidades. Aquí conviene leer con cuidado, porque el libro no siempre separa bien lo atendible de lo discutible.

Y el buen indígena cierra con un mito: el del “buen salvaje” y la idealización de lo precolombino como paraíso moral. Kaiser lo combate con historia cruda y lo conecta con el presente: culpa, relatos de “decolonización” y uso político del pasado. Más que historia, aquí se discute cómo se usa la historia.

Al cerrar el libro no hace falta comprarlo entero para quedarse con algo útil: hay palabras que llegan ya con el debate medio hecho. Suenan a definición y por eso nadie las define. Y cuando se vuelven “intocables”, la conversación se estrecha sola.

Quizá ahí está lo más aprovechable de Parásitos mentales: no tanto en convencer, sino en obligar a una higiene mínima. Antes de asentir o indignarse, pedir precisión. Preguntar qué significa exactamente lo que se está diciendo. Porque, cuando el lenguaje se vuelve automático, pensar también.

¿Recuerdas que al principio dije que había un bonus?

Está justo debajo.

El post termina arriba. Esto es el postre.

Si sigues, es porque quieres.