Filantropía exprés: decisiones al vuelo en la caja del súper

Un gesto automático, una pregunta fugaz y la cabeza que no deja de dar vueltas. Entre el pan y la pantalla: ese momento incómodo que todos vivimos y nadie comenta. Céntimos de más, dudas pequeñas… y una decisión que parece mínima, hasta que deja de serlo.

Filantropía exprés: decisiones al vuelo en la caja del súper
Photo by Yoco Photography / Unsplash

Acabo de ir a comprar el pan y, como tantas otras veces, justo al pagar me han vuelto a hacer la misma propuesta. La dependienta, casi sin mirarme, me ha advertido de que va a salir lo del redondeo, y ahí estaba otra vez la pantalla: ¿Desea redondear para donar? Hoy he pulsado “no”, sin pensarlo demasiado. Ni sé si ha sido por costumbre, por prisa o simple desgana. He recogido la barra y, mientras salía del supermercado, esa decisión aparentemente mínima ha empezado a dar vueltas en mi cabeza, como si mereciera más atención de la que solemos darle. ¿Por qué unas veces sí y otras no? ¿A dónde va lo que doy, cuando lo doy? ¿Por qué es tan fácil pasar de largo y, a la vez, quedarse pensando después?

No deja de sorprender cómo este pequeño ritual se repite, día tras día, en casi cualquier supermercado. Colocas la compra en la cinta, peleas con la bolsa, y ahí está la pantalla proponiendo redondear. A veces eliges sin fijarte, otras lo dudas un par de segundos, pero la elección suele resolverse casi en piloto automático. No hay espacio para grandes preguntas: solo una respuesta rápida, en medio del ruido y la prisa, como una coreografía que todos conocemos y rara vez detenemos.

Quizá no lo piensas mucho, pero este gesto tan común se repite unas 40.000 veces cada día solo contando las operaciones gestionadas por Worldcoo, la plataforma líder en redondeo solidario en España. Más de 9.000 euros diarios que se mueven en segundos. Por ejemplo, en Condis la opción se activa más de 2.400 veces cada día. Prácticamente cada minuto, en algún supermercado, alguien toma esa decisión, normalmente sin detenerse demasiado: añadir unos céntimos a su compra, o seguir adelante.

Lo habitual es no ver ni el logotipo de la ONG, ni detalles del destino final de lo donado. La información, si está, suele perderse en el breve instante que tienes para elegir. Para muchos, la cabeza ya está en otra parte. Hay días que das el sí sin más, porque son céntimos y el gesto sale solo. Otras veces dices que no, porque hay prisa, o el ánimo simplemente no acompaña. No hay reglas fijas, solo inercias y contextos distintos.

Solo después, a veces, surgen las preguntas. ¿De quién es realmente esa donación? ¿Queda registrada a tu nombre o la suma la tienda con las de otros clientes? ¿Vale la pena pedir justificante, o suena extraño para unos céntimos? ¿Quién podría aclarártelo, el cajero, la web, nadie? La transparencia es la excepción, no la norma; al final, solemos dejarlo estar, confiar por defecto, o directamente olvidarnos del tema.

Y esto tampoco es solo cosa de supermercados. En lo digital, el discurso es parecido: dona aquí y el 100% llega a la causa. Pero si usas, por ejemplo, PayPal Giving Fund, la donación primero va a la plataforma y, si la ONG tiene algún problema, puede acabar en otra entidad. El justificante lo emite PayPal, no la organización final. El recorrido del dinero es más largo de lo que parece, y si preguntas, tampoco suelen aclararlo demasiado.

En otros países, el sistema cambia: algunos permiten deducir estas donaciones, otros lo descartan. Pero la sensación de rutina y confianza delegada es casi universal. Preguntar no es costumbre y las respuestas, si llegan, suelen ser vagas. Así, cada cual resuelve a su manera: quien dona siempre, quien nunca lo hace, y quien alterna según el momento. El sentido del gesto cambia con el día y el ánimo.

Quizá lo único seguro es que ninguna de estas pequeñas elecciones define a nadie. Son actos mínimos, resueltos en segundos, que a veces parecen relevantes y otras ni los recordamos. Y está bien así. No hace falta justificarse ni buscar coherencia total. Puede que hoy pulses sí, mañana no, y pasado ni te acuerdes.

Aun así, lo que ocurre cuando se suman miles de decisiones tan discretas no es poca cosa: la suma de muchos pocos acaba teniendo un impacto real. El sistema funciona porque la microdonación casi invisible es capaz de transformar un gesto aislado en proyectos concretos. Eso sí, cuando el destino es opaco, siempre queda el riesgo de que la causa final no encaje del todo con tus principios o tu idea de solidaridad. Es parte del trato: confiar a ciegas, o simplemente dejarse llevar por el momento.

La próxima vez que el datáfono te plantee la opción, no hay respuesta buena o mala. Solo la tuya, la de ese instante, y lo que decidas estará bien. ¿Tú cómo lo haces? ¿Redondeas, pasas, o ni te lo planteas y actúas en automático?