Elegir en qué ocupar el tiempo

Un oráculo diario inspirado en Baltasar Gracián y levantado como ejercicio de foco: sentarse, hacer algo concreto y dedicarle el tiempo suficiente como para que exista. Sin ruido, sin promesas, un aforismo al día y seguir.

Elegir en qué ocupar el tiempo
Photo by Chad Stembridge / Unsplash

El domingo escribíamos sobre a qué le regalamos nuestro tiempo. Sobre cómo, muchas veces, esa cesión ocurre sin que medie decisión alguna. El sábado anterior hicimos algo bastante más simple y bastante más claro: elegir en qué ocuparlo. Sentarnos y hacer. Escoger una cosa concreta y quedarnos ahí el tiempo suficiente como para que existiera.

De ahí sale Arte y prudencia:
https://arte-prudencia.pages.dev/

Conviene decirlo sin rodeos: no es un blog nuevo, ni una web de citas, ni un proyecto con recorrido previsto. Es un oráculo diario, apoyado en el Oráculo manual y arte de prudencia de Baltasar Gracián, y construido alrededor de una idea muy acotada: que cada día tenga su texto.

No hay azar. No hay personalización. No hay nada que aprender ni nada que optimizar. Cada fecha tiene asociado un aforismo concreto de Gracián, siempre el mismo. Hoy muestra el de hoy. Mañana será otro. Si entras tú o entro yo, veremos exactamente lo mismo. Esa decisión —tan poco habitual ahora— quita ruido y pone límites, que a veces es justo lo que falta.

Alrededor de ese aforismo hay algunas piezas más, pequeñas y sin jerarquía: una frase de vida, una cita técnica, una palabra del día de la RAE, algo de trivia. No están pensadas para consumirse en bloque ni para “aprovechar” nada. Están ahí como están las cosas que no molestan: las miras, coges algo, sigues.

Todo se concentra en una única vista:
https://arte-prudencia.pages.dev/hoy/

La intención es clara: entrar, leer y salir. No quedarse. No volver por inercia. No sentir que hay algo pendiente. Si el sitio consigue retenerte más de lo necesario, ha fallado.

Hay algo deliberadamente incómodo en rescatar a Gracián hoy. No por antiguo, sino porque no tranquiliza. Sus aforismos no buscan darte la razón ni animarte. Funcionan más bien como recordatorios secos de cómo son las cosas, y luego ya verás qué haces con eso. No se han tocado, no se han adaptado, no se han explicado. El texto es el texto.

Desde el punto de vista técnico, el proyecto también cumple otra función, menos visible pero igual de intencionada. Es un ejercicio de ejecución: levantar APIs pequeñas, bien definidas, que entregan justo lo necesario. Un entrenamiento práctico que viene bien para otros proyectos, para probar flujos, decisiones y límites sin el peso de algo “importante”. Cloudflare Pages, funciones sencillas, HTML, CSS y JavaScript sin adornos. Hacer músculo sin distraerse.

Pero lo importante no está ahí. Está en el gesto. En dedicar tiempo a construir algo que no pide continuidad, que no reclama atención constante ni promete nada a cambio. Un sitio que no te invita a volver, aunque sepas que mañana habrá otra cosa distinta esperándote.

Al final, centrarse en hacer algo concreto ya es elegir. No hace falta explicarlo mucho más. El tiempo no se teoriza mientras pasa; se usa. Y en ese uso ya va incluida la decisión.

Un aforismo, un minuto, y seguir con lo que toque.

Gracián lo dejó escrito hace siglos y sigue funcionando:
«Lo bueno, si breve, dos veces bueno».