Cuando los agentes empiezan a entender tu despacho
Durante años he usado la API de nuestro programa para responder preguntas que el propio software no sabía contestar. Hace unas semanas decidí conectarla a un agente y terminé encontrando algo aún más interesante: una forma de entender mejor el día a día del despacho.
Nuestro programa de gestión es uno de los pocos del sector, por no decir el único que yo conozca, que permite instalar su API dentro de tu propia infraestructura, no como un servicio externo al que llamas cuando lo necesitas, sino como algo que puedes tener funcionando dentro de casa y consultar directamente, casi como si fuese una extensión natural del propio sistema. Algo que en su momento me pareció simplemente una buena decisión técnica y que con los años he terminado entendiendo como una de esas ventajas silenciosas que solo se aprecian cuando empiezas a usarlas con intención y empiezas a hacerte preguntas que antes ni siquiera te planteabas.
Paréntesis necesario antes de seguir.
Al final del post hay un bonus para quienes están en la lista de correo.
Se llama «Un post a la semana, o cuando sale», es gratis, llega por mail y está pensada para leer con calma, lejos de gurús y del algoritmo.
Luego no digas que no avisé. Seguimos.
Hace ya bastante tiempo uno de los programadores me explicó cómo funcionaba y desde entonces la he ido utilizando para algo bastante pragmático: construir mis propios informes paralelos a los que genera el programa, no porque los suyos no sirvan, sino porque siempre hay preguntas que el software no contempla y que, cuando tienes acceso directo a los datos, resulta difícil resistirse a intentar contestar. Con el tiempo ese uso fue creciendo de forma bastante natural, primero con consultas algo más elaboradas, luego con pequeños procesos automatizados y finalmente con algo que probablemente sea bastante común cuando tienes acceso a información y cierta inquietud técnica: empiezas a rehacer partes no porque estén mal, sino porque quieres entenderlas mejor y, sobre todo, porque empiezas a intuir que algún día querrás hacer preguntas que todavía no sabes formular.
Eso fue exactamente lo que pasó cuando, a raíz de una conversación con un compañero que quería sacar estadísticas de llamadas, volví a meterme en ese terreno pensando inicialmente en resolverlo con una simple consulta SQL y acabé, casi sin darme cuenta, construyendo mi propia versión de esa API, más clara, mejor documentada y sobre todo pensada para ser comprensible cuando volviese a ella meses después sin tener que redescubrir cómo estaba hecha. Y ya que estaba metido en ese jardín terminé haciendo algo que no tenía previsto: crear una segunda capa más orientada a consultas complejas, una especie de modelo propio que me permitiera cruzar información y hacer preguntas combinadas sin tener que pelearme cada vez con la estructura original, algo así como preparar el terreno para preguntas futuras más que resolver únicamente las actuales.
En ese momento todavía no sabía realmente para qué me iba a servir todo eso, y probablemente si me lo hubieran preguntado entonces tampoco habría sabido explicarlo bien.
El siguiente paso llegó hace unas semanas, cuando decidí montar con bastante paciencia un MCP que pudiera consultar esa API y ver hasta qué punto un agente podía entender lo que pasaba en el despacho simplemente leyendo los datos que ya estaban allí desde hacía años, sin cambiar procesos, sin introducir nuevas herramientas y sin hacer nada especialmente sofisticado desde el punto de vista técnico. Solo cambiando la forma de preguntar.
No esperaba nada especialmente revelador, hasta que lo conecté a Claude y probé con una pregunta que probablemente todos los que llevamos un despacho nos hemos hecho alguna vez y que curiosamente nunca es fácil de contestar con precisión: qué ha pasado hoy realmente en el despacho.
Y lo interesante no fue tanto que contestara, sino la forma en la que lo hizo, porque por primera vez no estaba viendo datos aislados ni informes separados, sino algo mucho más cercano a una narrativa operativa del día, una especie de explicación continua construida a partir de llamadas recibidas, correos enviados, correos recibidos, gestiones realizadas y tareas abiertas, pequeñas piezas que siempre habían estado ahí pero que juntas empezaban a parecerse más a una historia que a un simple registro.
Pero la pregunta que realmente cambió mi forma de verlo no fue esa.
Fue otra bastante más incómoda: qué se nos ha quedado sin hacer.
Y ahí apareció algo que hasta entonces nunca había tenido de forma clara: una visión bastante directa de lo que seguía abierto, de lo que se había quedado a medias y de lo que probablemente iba a reaparecer como urgencia si nadie lo retomaba, algo que en el día a día todos intuimos pero que rara vez vemos de forma estructurada y, sobre todo, de forma conjunta.
Desde entonces hay una pregunta que tiene cierta gracia hacer algunos sábados por la mañana, casi más como experimento que como necesidad real: qué me espera el lunes, y la respuesta suele ser bastante directa, señalando los asuntos que se han quedado colgando de la semana, los temas que no cerramos y esas pequeñas deudas operativas que todos los despachos acumulamos sin tener una forma sencilla de verlas juntas.
Lo curioso de todo esto es que técnicamente no he hecho nada revolucionario. No he añadido inteligencia nueva, no he cambiado el software y tampoco he modificado la forma de trabajar. Si lo pienso con frialdad, lo único que ha cambiado es que ahora existe una forma distinta de preguntar a capacidades que ya estaban ahí, aunque hasta ahora las utilizáramos sin terminar de ser conscientes de todo lo que podían decirnos.
Y fue precisamente intentando entender por qué ese pequeño cambio estaba marcando tanta diferencia cuando empecé a darme cuenta de algo bastante sencillo: durante años hemos tratado las APIs como simples mecanismos de integración, como tuberías por las que pasan datos de un sitio a otro, cuando quizá su valor real está en algo mucho menos visible y bastante más interesante, en permitir que una organización pueda explicarse a sí misma lo que está pasando dentro sin tener que reconstruir la historia a base de intuiciones.
Porque en el fondo eso era exactamente lo que había cambiado en mi experimento sin que yo lo hubiera buscado: no tenía más información que antes, ni mejores datos, ni procesos distintos. Lo único que había cambiado era que ahora tenía una forma distinta de preguntar, y cuando cambian las preguntas empieza a cambiar también la forma en la que entiendes tu propio trabajo.
Y fue entonces, casi por casualidad, cuando escuchando varios episodios de API Curious encontré una idea que me ayudó a ponerle nombre a esa intuición que hasta ese momento solo era una sensación difusa: las buenas APIs no deberían limitarse a exponer datos, deberían exponer capacidades. Durante mucho tiempo eso me sonó a arquitectura teórica, a conversaciones lejanas de gente que diseña plataformas, hasta que entendí que llevado a algo tan poco espectacular como un despacho profesional significaba algo mucho más cercano.
Que quizá el verdadero cambio no estaba en tener más información, sino en poder hacer mejores preguntas sobre la que ya tienes.
Y eso era exactamente lo que estaba pasando, porque ya no estaba preguntando por registros concretos sino por actividad real, ya no estaba preguntando qué había pasado dentro de un sistema determinado sino qué estaba pasando en el despacho, y esa diferencia, que sobre el papel parece pequeña, en la práctica cambia completamente la forma en la que empiezas a mirar tu propio día a día.
Hay otra idea que también aparece mucho en esas conversaciones y que cada vez me parece más sensata: los agentes pueden explorar, pero los sistemas deben seguir siendo deterministas. Traducido a algo tan poco espectacular como un despacho profesional significa algo bastante simple: puedes dejar que un modelo te ayude a entender qué está pasando, pero probablemente no quieras que decida qué pagos se hacen o qué comunicaciones salen sin control, porque entender es una cosa y ejecutar es otra muy distinta.
Quizá por eso cada vez me parece más claro que las organizaciones que realmente van a sacar partido de esta nueva etapa no serán necesariamente las que adopten más agentes, sino las que mejor tengan estructuradas sus capacidades internas, porque al final un agente no puede entender lo que ni siquiera está bien expuesto.
Y eso devuelve a las APIs a un lugar curioso, porque después de años tratándolas como infraestructura secundaria empiezan a parecerse cada vez más a la puerta principal por la que otros sistemas van a entender qué sabes hacer realmente.
Si hay una idea que me llevo de estas semanas es bastante sencilla: probablemente todos tendremos acceso a agentes parecidos, pero no todos tendremos el mismo nivel de comprensión de lo que ocurre dentro de nuestra propia organización si nuestros sistemas no están preparados para responder preguntas complejas sobre su propia actividad.
Y quizá lo más interesante de todo esto es que empiezo a ver las APIs menos como mecanismos de integración y más como una especie de memoria estructurada de la organización, algo que no solo permite conectar sistemas, sino entender qué está pasando si alguien sabe hacer las preguntas adecuadas.
No quién tiene más datos.
Sino quién puede entender mejor lo que ya sabe.
Lo verdaderamente interesante de todo esto no es la tecnología, ni el MCP, ni el modelo, ni siquiera la API, sino algo mucho más sencillo: por primera vez tengo una forma clara de entender qué está pasando realmente en el despacho sin tener que reconstruirlo mentalmente a partir de correos, llamadas, incidencias y conversaciones sueltas.
Y eso cambia bastante la sensación de control sobre el trabajo diario, porque muchas veces el problema no es la falta de trabajo ni siquiera la falta de organización, sino algo mucho más simple: no tener una visión clara de conjunto.
Y puede que ahí esté una de las diferencias reales de los próximos años, no en quién tiene más inteligencia artificial ni en quién adopta antes el último modelo, sino en qué organizaciones son capaces de convertir su propia actividad diaria en algo que se pueda entender cuando alguien hace la pregunta correcta.
Porque hacer bien el trabajo siempre ha sido importante.
Pero empezar a poder explicarlo bien, incluso a nosotros mismos, puede que empiece a ser igual de importante.
Supongo que, en el fondo, lo único que he hecho estas semanas ha sido aprender a hacer mejores preguntas a sistemas que ya llevaban años dándome respuestas que todavía no sabía cómo pedir.
Y este ha sido solo uno de los dos experimentos con APIs en los que he estado metido estas últimas semanas. El otro tiene que ver con una API para catalogar incidencias que he conectado a un modelo para clasificar problemas operativos del día a día, pero esa historia probablemente merece su propio post.
¿Recuerdas que al principio dije que había un bonus?
Está justo debajo.
El post termina arriba. Esto es el postre.
Si sigues, es porque quieres.
Hoy en el bonus track tenemos una reflexión ampliada y me gustaría saber vuestra opinión...