No me canso de decirlo últimamente, la vida es egoísta, somos egoístas, aunque lo neguemos, aunque nos desvivamos por ayudar a los demás, en el fondo somos egoístas.

Antes de nada, vamos a hacer un inciso, este post está dividido en dos partes, una escrita por la noche al hacer evaluación del día, y la otra está escrita al día siguiente mientras hago la maleta para cruzar España, más adelante entenderéis el porqué

El problema es que no somos egoístas siempre, no somos egoístas el 100% del tiempo, igual solo somos egoístas un 1%, ese uno por ciento en el que decimos tengo que pensar en mi y dejamos de hacer una única cosa para hacer (o dejar de hacer) otra.

En nuestro fuero interno lo vemos justificado, vemos normal que si nos hemos adaptado al entorno que nos rodea sea el entorno el que por una vez se adapte a nuestras necesidades. Aunque en este planteamiento nos olvidamos de aquellas personas que sólo se ven afectadas por ese pequeñísimo 1% que para ellas supone el 100% de las interacciones con nosotros.

Como siempre todo depende del punto de vista de quien mira, nada es blanco o negro, siempre hay matices de grises, incluso de colores que ni somos capaces de percibir y aunque intentemos ponernos en el lugar del la otra persona, no siempre lo conseguimos, es más, en ocasiones no deberíamos hacerlo, porque esta voluntad de agradar siempre a todos, aunque puede ser algo loable no siempre va a ser algo deseable.

Precisamente porque  todos somos en cierto modo egoístas hemos de ser en cierta medida egoístas, intentando no aprovecharnos de nadie y procurando a la vez que no se aprovechen de nosotros. Es un equilibrio dinámico que hace que todo fluya y se mantenga en un término medio.


Hasta aquí llegan los pensamientos de la primera parte del título, por desgracia la vida a veces es también un poco puta y te despiertas con la noticia de la pérdida de un amigo que se ha ido de una manera fulminante a una temprana edad dejando huérfanos no solo a su familia directa, también a todos aquellos que hemos compartido este rato de vida con él.

No pretendo hacer una elegía al Quillo, únicamente quiero recordar todas aquellas veces que nos encanamos de risa con sus ocurrencias, con su forma de decir las cosas, con su forma de vivir. Tuvimos la suerte de compartir muchos momentos, y me queda la pena de no haber compartido muchos más... se que durante muchos años nos vendrás a la cabeza en los momentos más insospechados y una sonrisa se escapará, a la par que alguna lágrima cuando esto ocurra.

Como decían los romanos 'Sit tibi terra levis', que la tierra te sea leve, amigo Paco.