Hay cosas que no entiendo

Desde hace un tiempo tengo la suerte de llevar a mi hija todos los días a la parada del autobús que la lleva al colegio, y todos los días nos cruzamos en ese trayecto con más o menos la misma gente.

Gente a la que suelo observar mientras estoy esperando en la parada, los niños que llevan a la guardería cuyos padres (y madres) aparcan en doble fila entorpeciendo la carga y descarga de los establecimientos próximos, ese padre que sale todos los días corriendo estirando del brazo de su hijo que siempre se vuelve para despedirse de su madre y su hermano menor que se queda en casa, esa señora que se enciende todos los días un cigarrillo mientras sale del portal hablando por el móvil…

Y de entre todas ellas hay una persona que me resultaba familiar y desconocía el motivo… hasta esta semana.

El señor en cuestión es un hombre de mediana edad, pelo blanco, algo desaliñado, que siempre va con su mochila de escolar colgando del hombro, que anda pausadamente mientras se fuma un cigarro, llega a la puerta del bar, saluda a la camarera y a los tres o cuatro parroquianos con los que coincide, que se toma su café bautizado 2 sale y mientras se dirige al tranvía se enciende otro cigarro.

El lunes volví a ver el ritual de todos los días y como todos los días no le di mayor importancia, hasta que a media mañana en las inmediaciones de Plaza Salamero me volví a topar con este señor, estaba parado en medio de la calle, como guardando algo en la mochila, seguí sin darle mayor importancia, supuse que me sonaba la cara porque debía de trabajar por el centro.

Pero por la tarde cuando bajaba de nuevo al centro con la moto lo vi pasar cruzando Gran Vía dirección a Paseo Sagasta y lo reconozco, me hijo gracia cruzármelo otra vez, mientras giraba para subir por Sagasta pensaba mira que cunde este hombre a la vez que lo seguía de manera instintiva con la mirada mientras esperaba que terminasen de pasar los peatones.

Y ahí es donde até los cabos sueltos, porque ni corto ni perezoso el señor apuraba su cigarro mientras sacaba un cartel que depositaba estratégicamente en el suelo y se sentaba a pedir limosna.

No podía salir de mi asombro puesto que si bien todos sabemos que hay gente que lo está pasando mal, a nadie se le escapa que también existen los llamados mendigos profesionales y no es algo nuevo, han existido siempre, aunque igual no con el descaro con el que actúan hoy en día. Para localizarlos sólo hay que ver los grupitos que se arremolinan en las calles del centro, tienen tomadas las calles, cada grupo actúa en las que se han asignado y pobre de aquel que venga de fuera y quiera pedir en las calles bajo su control, lo acorralan, lo rodean y lo que pase en ese círculo de confusión sólo ellos lo saben, porque al instante el nuevo desaparece de escena y los que allí estaban vuelven a sus posiciones.

Pero a pesar de estar acostumbrado a estas escenas no podía evitar sentirme dolido ante la actitud de este señor, que aunque no se haya aprovechado de lo que yo le haya podido dar, me fastidia que haya estado robando la compasión de gente que se haya apenado al verlo y le haya dejado unas monedas, monedas que podrían haberse destinado a personas que posiblemente tengan unas necesidades más acuciantes que las que parece tener 3.

Al menos esta conducta y esta situación me llevan a reforzar el pensamiento que siempre he defendido:

Hay que ayudar al prójimo, pero la ayuda debe estar canalizada a través de aquellas organizaciones que pueden incrementar el valor de aquello que se da y hacerlo llegar a aquellos que lo necesitan.

Por poner un ejemplo que en Zaragoza es muy significativo, la Hermandad del Refugio o los distintos comedores sociales, o a las diferentes fundaciones, asociaciones, agrupaciones, iniciativas… que se preocupan de que la solidaridad se reparta equitativamente.

Y si queréis ayudar a alguien directamente, hacedlo, pero no en dinero que se pude destinar a otros fines diferentes de nuestra intención, mejor hacerlo con algo material que satisfaga la necesidad del que pide, bien sea con comida, con abrigo o con ayuda.


Anotaciones:

1  Post image by Ben Rosett
    Imagen del post por Ben Rosett
2  Café bautizado: aquel que se adereza con un chorrito de licor
3  Nótese que estamos hablando de especulaciones, puesto que la conducta observada en esta persona nos lleva a seguir esta línea de pensamiento, pero que no se tiene la certeza de que esta persona en concreto no esté necesitada hasta el punto de pedir en la calle.