En esta vida todo lo que se hace se hace por algo. Para todo, por simple que parezca, hay una motivación. Cada uno es capaz de comprender sus propias motivaciones, pudiendo parecer ridículas las motivaciones que mueven a los demás, tan ridículas como necesitar motivaciones externas para llevar a cabo aquello que queremos.

Si realmente queremos hacer algo, si queremos que de nuestro esfuerzo y nuestro sudor salga algo, entonces tenemos que hacerlo por nosotros mismos.

Esto que se puede aplicar a todos los ámbitos de nuestra vida es en la práctica deportiva donde lo he llegado a ver con una mayor claridad.

Hasta no hace mucho me dedicaba a compartir con el mundo cada sesión deportiva que realizaba, como si necesitase demostrarle al mundo que lo hacía. Después, por motivos que no vienen a cuento, dejé de hacer deporte y ya no había nada que compartir.

Recientemente he vuelto a calzarme unas deportivas y a hacer algo de ejercicio, pero salvo algunos vagos comentarios no ha transcendido lo que he estado haciendo, y a pesar de eso el efecto positivo de la práctica deportiva periódica no se ha visto mermado en absoluto…
Vamos que he estado haciendo deporte por y para mi, porque mi cabeza necesitaba una válvula de escape que dejase salir los malos humos.

Y no es que de la noche a la mañana me haya desecho de mis gadgets, es simplemente que he decidido aplicar el sentido común al uso que hacemos de los mismos.

Es algo así como lo que ya viví hace un tiempo con la fotografía, llegó un momento en que decidí dejar de hacer fotografía para los demás, la fotografía que hago pública es aquella que hago por mi, para mi, con los míos. Lo que no quita para que durante este tiempo haya estado haciendo fotografías para otros. Pero es a ellos, y no a mi, a quien corresponde hacer uso de esas fotografías.

Haz lo que quieras, pero no busques excusas en los demás para hacerlo, Tú eres la mejor excusa para hacer cualquier cosa que te apetezca hacer.


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