El papel de las personas en la organización empresarial se ha transformado a lo largo del siglo XX. En los inicios se hablaba de la mano de obra, puesto que los trabajos requerían de esas manos para su realización. Posteriormente se introdujo el concepto de recursos humanos, meidante el cual se consideraba al individuo como un recurso más que debía ser gestionado por la empresa.

Hoy en día se utilizan términos como personas, motivación, talento, conocimiento, creatividad… Se considera que el factor clave de la organización son las personas ya que en éstas reside el conocimiento y la creatividad.

Al menos sobre el papel.

Porque la realidad es más cruda, en muchas empresas tanto públicas como privadas se hace referencia a las personas que en ellas desarroyan sus cometidos como números en función de su rendimiento o de su coste.

Puedo entender, con esfuerzo, que a nivel empresarial haya en algún momento que reducir el tratamieto de la persona a su valor económico, pero tenemos que diferenciar lo que cuesta de lo que vale, porque aunque a corto plazo nos parezca que nuestro objetivo sea reducir el gasto nos podemos encontrar con que por no valorar correctamente a nuestro personal y prescindir de él veamos mermados nuestros ingresos, porque no hemos sabido valorar la rentabilidad que supone tener a esa persona en nuestra organización.

Errores como éste son los que hacen que dejes de bajar a tomar el café al bar de siempre donde un simpático camarero te atendía con una sonrisa en la boca sin importar que fuese viernes o lunes, o que dejes de bajar a la tienda a comprar ese material de oficina que podrías comprar online porque ya no está la dependienta que te recomendaba los productos que te podían ser utilidad.

O algo tan simple como que dejes de ir al gimnasio al que ibas sacrificando tu hora de la comida por dar esa clase que te ponía las pilas porque alguien ha decidido que para dar clase a cuatro matados no merecía la pena contratar al monitor.
A corto plazo seguro que se habrán ahorrado dos horas semanales de sueldo, pero a la larga se darán cuenta de que habrán perdido al menos tres matrículas que pagaban religiosamente la cuota mensual.

En resumidas cuentas, antes de reducir a una persona a su valor económico, asegurate de que sabes calcular no sólo el coste, sino que también el valor que esa persona repercute en tu organización