Son las siete y media de la tarde, estoy con la familia en el parque del agua dando un paseo camino de Las Playas, es una tarde fría para ser un veintinueve de julio, el cierzo 1 sopla con su fuerza habitual y casi echamos de menos una chaqueta al sentarnos en la terraza, aunque a nuestro alrededor nadie parece notar ese viento cortante que se mete por todos los resquicios...

Es normal que nadie haga caso del viento, todo el mundo a nuestro alrededor parece estar en una frenética actividad, gente en pantalones cortos o mallas corriendo de un lado a otro, como hormigas u ovejas en manada que siguen a su pastor invsible.

Miro mi reloj y no puedo evitar pensar que debería haberme llevado las zapatillas, hoy tenía previsto correr 40 minutos y no se cuando lo podré hacer, la tarde va pasando y camino de casa acaba por caer la noche.

Ya en casa, miro el reloj, son las diez y media, la niña ya duchada está cenando con mi mujer, cojo el móvil, me doy ánimos mientras me decido a calzarme las deportivas...

Salgo a la calle, ahí estamos la noche, el viento y yo, estiro las piernas, doy al play y empieza a contar el tiempo, corro sin rumbo aparente, dejándome llevar por la inercia, mis piernas siguen el camino habitual, se saben el ritmo de los semáforos, vamos trotando bajo la tenue luz de las farolas, van pasando los minutos, el pulso se dispara, bajo el ritmo para coger aire, bebo agua y sigo, a mi ritmo, nadie me encorre, la carrera es contra mi mismo, contra nadie más, no tengo que preocuparme por los compañeros, por si les retraso o les pierdo, mi única preocupación es cumplir con el objetivo marcado para este día, es lo que me motiva, lo que tira de mi.


Nunca pensé que saldría a estas horas a hacer deporte, y menos a correr, pero desde que empecé noté que ese rato de desconexión era lo que mi cabeza necesitaba, pese a las [lesiones **2**](#2) que, por diferentes motivos, han estado dando la lata, para ordenar los pensamientos, para llegar a un equilibrio que mi día a día hace tan complicado de conseguir.

Primero fueron unos pasos torpes e indecisos en la cinta, pasos que poco a poco fueron más firmes y seguros, hasta que me animé a salir y empezar a trotar por las calles, entonces me di cuenta de que no podía desconectar igual, de que correr con gente a mi alrededor complicaba el aislar los pensamientos para atacarlos de uno en uno, así fue como comencé a correr en soledad, correr a horas poco corrientes me permitía correr sólo, disfrutar de la soledad, del sufrimiento y de los pensamientos al aire libre...

Aunque claro, esto no quita para que de vez en cuando salga acompañado, o envidie a esos corredores capaces de salir en manada, porque hacer deporte está bien, hacer deporte y organizar la mente está mejor, pero hacer deporte y sentirte parte de algo, por experiencia, es la leche.


Anotaciones:

1 El cierzo es el viento de componente N.O.. En Aragón en la Ribera de Navarra y La Rioja, es un fuerte viento fresco y seco originado en el valle del Ebro debido a la diferencia de presión entre el mar Cantábrico y el mar Mediterráneo, cuando se forma una borrasca en este último y un anticiclón en el anterior.
Es un viento muy frecuente en el valle, y se puede presentar en cualquier mes del año, aunque es más frecuente en invierno y comienzos de la primavera.

2 En los últimos años he pasado por una fascitis plantar en ambos pies que me hizo la vida imposible durante casi dos años, que se complicó gracias a unos espolones también en ambos pies, vamos una maravilla.